¿Cuál es el futuro de Puerto Rico? Pregúntale a tu hijo

Julio 3, 2008

El panorama sin duda se ve complicado. Además de tener una economía en franca recesión y con precios en constante alza, el escenario político no es nada alentador, con una fauna política poco comprometida con los verdaderos problemas de la sociedad puertorriqueña y una sociedad que lejos de rectificar es cada vez más cómplice.

En el plano social nos sentimos cada vez más aislados los unos de los otros. Nuestra vida y nuestro mundo se reduce a nuestro trabajo, familia y amigos cercanos. Sabemos que a nuestro alrededor hay personas con verdaderos problemas, a todos los niveles, pero en general nos mantenemos en la inercia de la casa al trabajo, al shopping y al pariseo, pretendiendo que lo desagradable no ocurre mientras no toca nuestra puerta.

No es la primera vez que escucho conversaciones de personas preocupadas del rumbo que toma nuestra sociedad y hacia donde se dirigirá los próximos años. Muchos imaginan el escenario a largo plazo y sin duda parece desolador. Creo que la mejor forma de averiguarlo es preguntandole a nuestros hijos. Y por “nuestros hijos” me refiero a los niños en general. Los nuestros y los hijos de nuestros amigos, vecinos y conocidos. Los de nuestra urbanización y los del caserío. Su educación está formando dia a dia la sociedad que tanto nos cuesta visualizar. Pero no me refiero a la educación de los conocimientos, de la botella y los libros. Me refiero a la educación de casa, la del respeto, de los valores y los códigos éticos.

¿Respeto? No me refiero solamente a no pegarles o gritarles, aunque esto que parece tan obvio lamentablemente ocurre con mucha frecuencia. Este respeto tiene un significado más sutil, cuando evitamos hacerles sentir un estorbo, poco importantes o sencillamente ignorados. Es estar con ellos activamente, involucrándonos, demostrando interés en ellos y en sus cosas, jugando, hablándoles, no solo cumpliendo una responsabilidad y estando físicamente porque es nuestro deber, también demostrándoles lo importantes que son para nosotros porque en esa medida ellos se sentirán importantes.

Me refiero también a comprender que los niños ven el mundo y la vida desde una perspectiva totalmente diferente a la nuestra. Pero insistimos en pretender que piensen y razonen desde nuestra propia perspectiva, como si tuvieran que razonar como adultos. Toda la educación que les damos, cada palabra, cada “enseñanza” la hacemos desde la perspectiva de un adulto, no desde la de un niño. Me refiero a respetar su necesidad de sentir, de expresarse, de tener su espacio y su mundo que es visto desde sus propios ojos, de dedicarles el tiempo y la atención DE CALIDAD que necesitan para que crezcan emocionalmente sanos, sin ser juzgados ni regañados como método sistemático de “aprendizaje”.

Desde muy pequeños tratamos a nuestros hijos como mochilas a quienes llevamos y traemos pretendiendo que se adapten a nuestro modo de vida. Pocas veces nos damos cuenta de que debe ser justamente lo contrario: luego de la profunda y firme determinación de tener un hijo, comprender que esta decisión implica cambios fundamentales en nuestras vidas que permitan que el crecimiento del niño sea armónico y saludable a largo plazo.

¿Valores? Que nuestros niños reciban una educación basada en prioridades diferentes a las actualmente establecidas por nuestra sociedad. Los conocimientos son importante, pero no lo más. Primero estaría el desarrollo de la empatía hacia los otros, comprender que todos estamos interrelacionados y dependemos unos de otros. Que cada cosa que recibimos es gracias a la acción de otros. La empatía nos hace sensibles hacia los problemas y las necesidades de los demas, conocidos o no. Y esto es justamente lo que carecemos como sociedad. Enseñarles que por encima de todo conocimiento o creencia, el respeto, la sensibilidad y la tolerancia hacia nuestras diferencias es lo más importante. Su educación debería basarse en aprender a vivir estableciendo prioridades coherentes con nuestras propias necesidades, como los seres humanos sensibles que somos por naturaleza.

¿Códigos éticos? no me refiero a enseñarles que hagan lo correcto porque podrían sufrir las consecuencias inmediatas de sus acciones, como pagar una multa o verse en prisión. Me refiero a un sistema que se base en hacerles ver que la verdadera felicidad (y no solo la postura para evitar un castigo) depende exclusivamente de ser consecuentes con lo que pensamos, decimos y hacemos. Si no estamos de acuerdo con algo, por más beneficio económico que podamos obtener, solo podemos alcanzar una verdadera sociedad armónica siendo consecuentes con nuestras convicciones. Esto garantizaría el respeto a nuestras necesidades y a las de los demas.

Por último y muy importante son los criterios que generalmente usamos para desear tener hijos y las consecuencias de dar vida a un ser humano solo por cumplir con un requisito social, dejando a un lado las verdaderas implicaciones de nuestra falta de preparación en algo tan inmensamente complejo como hermoso.

Entry Filed under: Etica, Infancia, Interdependencia, Justicia Social, Maltrato, Pobreza, Salud, Sensibilidad, Solidaridad Social, Tolerancia. .

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